sábado, 31 de mayo de 2014

El Camino, (2) ( Un poco acerca de su autor)


El primer comentario lo dediqué a plasmar mis impresiones sobre el libro. Hoy querría entrar en ciertas reflexiones personales, a las que su lectura me llevó. Expondré primero las referidas  al autor, Miguel Delibes, que, como lo atestigua la mera lectura de la larga relación de sus creaciones, fue, a lo largo de su también larga vida, un fecundo escritor de muy variada temática. Delibes era vallisoletano y según cuenta su biografía estudió las carreras de Derecho y Comercio( supongo que lo que entonces se denominaba Profesorado y Peritaje Mercantil) y ejerció como Catedrático de Derecho Mercantil y periodista, profesión esta última ejercida  especialmente desde  El Norte de Castilla”. Murió en el 2010 a los ochenta y nueve años, habiendo recibido en vida numerosos galardones por sus obras. Por lo que a mí respecta, sin embargo, sólo había leído dos de sus novelas que son, por orden de su lectura: “Cinco horas con Mario”, y “La hoja roja”. La primera, hace ya unos cuantos años, después de haberla visto anunciada muchos meses, no sé si años, en la cartelera del desaparecido Teatro Capsa(*). La interpretación corría a cargo de la actriz, también vallisoletana, Lola Herrera. No soy amante del teatro y no fui al Capsa, pero sí quedó grabada en mi memoria esta visión,  muestra indiscutible del prolongado éxito de la obra allí representada y que me indujo a leer la novela cuando cayó en mis manos. No sólo no me defraudó, sino que hizo que aumentara mi admiración por la actriz, Lola Herrera, capaz de memorizar e interpretar tan extenso monólogo. Pero del autor, en aquel entonces, curiosamente, ni hice caso. Mucho más tarde tuve conciencia de quién era el que escribió aquel espléndido soliloquio.

En cuanto a “La hoja roja”, que aborda tanto la cuestión de la jubilación como de la soledad, fue el libro que me reveló a su autor. Obra que me gustó mucho porque de modo grato, sencillo y sensible cuenta la situación de incomunicación y aislamiento que liga a los dos personajes principales, el jubilado y la joven sirvienta.

Mientras echaba un vistazo a la relación de sus obras, me llamó la atención una, la dedicada a recoger la correspondencia cruzada entre Delibes con Josep Vergés, de la editorial Destino. Firma editora a la que Delibes permaneció fiel. En relación al citado libro, que me gustaría leer, encontré un artículo publicado en El País, titulado “Mi abuelo Miguel”, escrito por una nieta suya. Reportaje realmente interesante que te habla del Delibes humano, un padre de familia numerosa, amante esposo, trabajador incansable, y persona íntegra. Recomiendo su lectura entera. No obstante, copio y pego aquellos párrafos que entiendo más explicativos de quién fue Miguel Delibes:

“José Manuel Lara, editor de Planeta, lo intentó muchas veces. Le ofreció facilidades, adelantos. Pero no hubo forma de que Miguel Delibes (Valladolid, 1920), mi abuelo, se pasase a su grupo. Por eso, cuando Planeta compró todo Destino, donde él publicaba desde 1948, Lara le dijo con cierta guasa: "Miguel, como no hay forma de conseguirte, he tenido que comprar toda la editorial". Había una poderosa razón para que mi abuelo no abandonase Destino: Josep Vergés, ya fallecido, el hombre que confió en él cuando era un desconocido y al que considera "el único amigo asiduo, sincero y profundo" que hizo en los últimos 50 años. Lo afirma en la carta que pone fin a Miguel Delibes-Josep Vergés. Correspondencia (1948-1986), …

"José hacía copia de las cartas que me mandaba y guardaba las mías", … en este epistolario, … había algo más que "un enfrentamiento entre un rácano editor catalán y un rácano autor castellano cargado de hijos". Delibes, con siete niños, perdió por uno con Vergés (Palafrugell, Baix Empordà, 1910-Barcelona, 2001) en lo que con humor denominaban la "Liga de los hijos".

 

En 1944, mi abuelo entró a trabajar como redactor en el diario El Norte de Castilla, para el que ya había hecho caricaturas. Entonces apenas escribía. Fue Ángeles de Castro, su mujer, mi abuela, quien le metió la literatura en la sangre…Los dos rácanos se conocieron personalmente en Madrid …, pero se escribían desde que se falló el Nadal en enero de 1948.

… con 27 años … era ganador del Nadal, catedrático de Derecho Mercantil, periodista de El Norte de Castilla y esperaba su segundo hijo. …mejoró sensiblemente cuando empezó a escribir como hablaba. En 1950 publicó la que para algunos es su mejor novela, El camino, ambientada en Molledo Portolín (Cantabria), el pueblo de su padre, Adolfo. Necesitado de dinero, escribía lo que podía: cuentos, novelas y crónicas de fútbol que firmaba Miguel Seco y por las que cobraba 150 pesetas.

Se presentó con Mi idolatrado hijo Sisí en 1952 al Premio Planeta. Pero a Vergés no le dio buena espina: "Lara en Barcelona se ha ganado fama de trapisonda e informal, y mucha gente no quiere tratos con él. Sin embargo, es un hecho evidente que los libros que ha publicado tienen una gran venta". No ganó. Dudó si presentarse en 1959 con La hoja roja, pero no lo hizo. Treinta y cinco años después, en 1994, coincidiendo con la concesión de este galardón a Camilo José Cela, afirmó ante la insistencia de un periodista: "En los últimos años me han invitado a concursar varias veces, pero he declinado. Por supuesto, siempre me han garantizado el premio, aunque como no he ido no sé si la garantía era sólida". Lara contestó en una carta en EL PAÍS en la que confirmaba que le había animado a presentarse y añadía: "Ahora bien, eso de que se garantizase la obtención del premio es una mala interpretación de lo dicho por el señor Delibes". Ahí terminó la discusión y hoy mantienen buenas relaciones.

No paraba. "Por las mañanas, clase en la Escuela de Comercio, y por la tarde y por la noche, en la redacción de El Norte. Y a veces los fines de semana tenía que hacer las crónicas de fútbol". Sacaba tiempo también para dar conferencias en Chile, Portugal, Italia... y para hacer reportajes de esos viajes para la revista Destino.

... Siempre escribía unas notas, una especie de diario de caza que luego ha tomado forma de libros: Las perdices del domingo, Mi último coto, etcétera.

Director de El Norte de Castilla desde 1958, tenía constantes roces con Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo. "La presión oficial, sin dar la cara, es cada día más dura. (...) Ya no hay duda, me buscan a mí. No sé dónde terminaré", le escribió a Vergés, quien también estaba perseguido… pero ninguno entró en prisión, y en 1964, cansado, abandonó la dirección del periódico. Se enfrenta también a la censura en sus libros de Demetrio Ramos, la Viejecita. "Van y vienen ministros, mueren cardenales, obispos, se tambalea el régimen, pero la Viejecita permanece atornillada en Barcelona. ¿Qué hay que hacer para demoler a esa pequeña hiena?", le comentaba con ironía Vergés.

"Vergés a veces se equivocaba. Tuvo en el cajón nueve años El príncipe destronado porque no le convencía y cuando lo editó, en 1973, arrasó", cuenta. ..

A su hijo Adolfo… le llevaron a una clínica de cirugía plástica de Barcelona. Allí fueron acogidos con la mayor generosidad por Vergés en su bella casa de Pedralbes, de tres plantas con jardín, piscina y pajarera. "¿Qué voy a decir de ti? Estás tan lejos del editor divulgado por la leyenda negra que sois dos polos opuestos", le escribió. Mi abuelo, sin embargo, no olvida sus discusiones por las erratas. "Resultaba inadmisible que yo quitara en la revisión de las pruebas 10 y ellos pusieran 20 más", se indigna todavía.

En 1966 se publicó Cinco horas con Mario…

Los años se le pasaban sin darse cuenta. Hasta que murió Ángeles, su mujer, su "equilibrio".

Pocos meses antes, en 1973, había sido elegido miembro de la Real Academia Española. foto del matrimonio en la revista Destino, y mi abuelo, emocionado, se lo agradeció: "Ella tuvo mucha parte en lo que yo haya podido hacer, bueno o malo, y me parece equitativo que en esta hora aparezcamos juntos".

Pero la tarea de vivir continuaba y a sus 54 años mi abuelo tenía que ocuparse de tres hijos, de 12, 14 y 18 años.. .Por entonces, el editor José Ortega Spottorno le tentó para que dirigiera el diario EL PAÍS, pero no hubo forma. "Aparte del dinero me ofrecían un coto en Madrid y colegio para los niños, pero yo no me veía en la capital. Les dije a mis hijos: 'Mi vanidad ha sido saciada', y todos contentos".

Tras dos años en blanco volvieron los libros: Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo y El disputado voto del señor Cayo. En Extremadura conoció a un Azarías que se orinaba las manos para que no se le agrietasen e impresionado escribió Los santos inocentes. La publicó años más tarde, en 1981, cuando Lara, con un suculento anticipo, le convenció de que escribiese algo para Planeta. El editor abrió el paquete con la obra de apenas cien folios y se quedó petrificado. "Entró en el despacho de Borrás, su segundo de a bordo, y le dijo: ¡Rafael, creo que los santos inocentes hemos sido nosotros!". Fue un libro de alto rendimiento para Lara y para él. En 1982 recibió el Premio Príncipe de Asturias compartido con Gonzalo Torrente Ballester.

Mis primeros recuerdos junto a él son de comienzos de los ochenta. Competíamos los primos para ver quién cogía más judías verdes de su huerta y él como premio nos compraba un polo.

Vergés vendió su parte de Destino en 1986. Por entonces sus cartas eran ya menos frecuentes. Pasaron a telefonearse y a verse de vez en cuando en Barcelona o Madrid. Le sustituyó Andreu Teixidor, hijo de Joan Teixidor, el otro fundador de la editorial. En 1997, Planeta absorbió del todo Destino, y Teixidor abandonó el año pasado la editorial. A su cargo está ahora Joaquín Palau, a quien acaba de conocer.

Diecisiete años después de la muerte de mi abuela, en 1991, se sintió capaz de rendirle un homenaje literario y escribió Mujer de rojo sobre fondo gris, un libro cuyo título reproduce el de un retrato hecho a su esposa por el pintor Eduardo García Benito.

Mi abuela no estaba para apoyarle en el acto de entrega del Premio Cervantes, y nervioso, con su hijo Miguel cerca con una copia del discurso por si se le quebraba la voz, leyó ante un paraninfo silencioso: "Antes que a conservar la cabeza muchos años, a lo que debo aspirar ahora es a conservar la cabeza suficiente para darme cuenta de que estoy perdiendo la cabeza. Y en ese mismo momento frenar, detenerme al borde del abismo y no escribir una letra más", dijo. Ahí estaba el titular "Delibes abandona la literatura". Se armó un gran revuelo. Su amiga Carmen Martín Gaite aseguraba: "Miguel lo dice por coquetería". Escribió después Diario de un jubilado y He dicho, pero el día que terminó de revisar las pruebas de El hereje, libro que le había costado tres largos años de trabajo, le diagnosticaron un cáncer, se operó y no ha vuelto a escribir. Ya no se desdobla en otros seres como el Nini o el Mochuelo como hizo durante 50 años.

…, Vergés murió … y él dio el pésame a su viuda e hijos en una sentida carta: "Era para mí ese asidero seguro que todos los hombres buscan y administran como un tesoro, conscientes de que se puede acabar. Nunca olvidaré aquella casa de Pedro II, llena de niños que nos recibían con los brazos abiertos. Me encuentro muy abatido. Le seguiré pronto. De momento me siento como uno de vosotros, incompleto y solo. Os abrazo de corazón".