sábado, 2 de enero de 2016

Cecilia Valdés (IV) (*) , por Cirilo Villaverde (La protagonista)

(*) He revisado y rectificado el comentario original.

A pesar de ser muchos y variados los prototipos humanos descritos en la novela, yo sólo comentaré algunos,  entre ellos, como era de esperar, su protagonista, Cecilia Valdés, dibujada como  mujer de espectacular belleza física -¡preciosa! - pero más bien escasa de otras cualidades.  Una joven altiva y engreída  de su hermosura, de carácter despreocupado, sin oficio ni obligaciones,  acostumbrada a deambular fuera de casa, incluso a deshoras, desde edad muy temprana.  Este"retrato" se remata  con una pincelada de racismo, pues Cecilia que  es una mestiza de piel blancacriada entre y por otros seres de su misma condición y raza, desprecia, por considerarlos inferiores, a sus congéneres mulatos y negros . A este respecto, pienso que el autor con estos trazos racistas colocados en su personaje principal,  quiso  testimoniar  la extensión y el arraigo de la falsa creencia de la superioridad del ser de piel blanca sobre el de piel oscura. Muy arraigado y generalizado, al parecer, entre las gentes de la sociedad cubana que Villaverde estaba describiendo. Porque aquella sociedad  no sólo era esclavista, sino también clasista y racista, y entre sus miembros, todos, el color y tono de la piel era un elemento básico de discriminación. En la sociedad de Cecilia, en suma, los seres de piel blanca eran considerados superiores a los de piel oscura( probablemente – y por desgracia- lo sigan siendo), y cuya intensidad de tono marcaba distinciones y rangos en el grupo social. 

Villaverde, según creo, logró plasmar ese sectarismo de manera soberbia a todo lo largo de la novela, a través de las múltiples escenas  y de los diálogos entre sus personajes . Citaré como buen ejemplo la descripción de los ascendientes maternos de Cecilia, pag. 615, en función del color de la piel: bisabuela negra, abuela mulata, madre parda, y Cecilia, blanca, tal como si de una progresión aritmética positiva se tratase. Y , asimismo, el que describe los sentimientos de vergüenza del “Leonardito” por Cecilia, “aquella no era su esposa, mucho menos su igual”.(pág.743 ). Reitero que sólo son simples ejemplos, pues toda la novela es una sarta de canalladas, abyecciones e injusticias múltiples de unos seres sobre los otros por razón del color de la piel.


Para finalizar con la exposición de mi particular visión del personaje principal, señalaré que no me agradó la actitud  de Cecilia para con el músico José Dolores Pimienta, su incondicional enamorado, de cuyos  sentimientos de amor sincero tenía sobrado conocimiento, tal como los explicita a Leonardo (pág. 681). y aún menos su poca sensibilidad  ante las inquietudes y agobios de su apesadumbrada abuela.


Como se puede desprender de todo lo antes dicho, mi visión de Cecilia Valdés, tras esta segunda lectura, es la del prototipo de mujer engreída de su belleza física, pero tan vacía como egoísta, alguien que sólo piensa en ella y en su personal satisfacción y agrado. Y, consecuentemente, ella misma,  su carácter y su forma de ser y hacer, fueron la principal causa de sus infortunios.


Pongo fin a este comentario con el verso de Ramón de Palma, que inicia el Capítulo VI, en alusión clarísima al músico José Dolores Pimienta, el enamorado empedernido de la singular protagonista de esta novela.
  
Y del tumulto indiscreto
Que ardiente en su entorno gira,
Ninguno le dijo: “mira,
Aquel te adora en secreto,
Que oyendo y viéndote está”.


El final diseñado por Villaverde para el noble  y  fiel amante de la linda habanera, José Dolores Pimienta,  no me agradó. Personaje de cuya trascendencia, a mi entender, poco se habla; y del cual tampoco he hablado yo. Deficiencia que quiero subsanar. Pienso que en él están encarnados muchos aspectos o características del común cubano de aquel entonces en cuanto a su mezcolanza racial, su afición por la música en la que es un maestro así como en su profesión oficial de sastre en la que destaca por su perfeccionismo. Su talante caballeresco a pesar de la humildad de sus orígenes y  especialmente por su actitud de respeto y consideración hacia la mujer(el dúo Señá Josefa-Cecilia y su hermana Memé). A este "caballerete de ébano" el guión novelesco no le brinda final feliz.

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A modo de singularidad leída en esta edición de "Cecilia Valdés o la loma del Ángel", citaré la nota (17),  en la pág. 633, en que el profesor Rodríguez  dice: “está simpático y bien escrito, imitando con bastante exactitud el lenguaje del catalán y el del negro Malanga.” En alusión al pasaje de un diálogo, parte del cual está escrito en la lengua catalana.