martes, 29 de diciembre de 2015

Cecilia Valdés (III) ( La Loma del Ángel)

El siguiente comentario es una  revisión y corrección del publicado como III  en relación  a esta vasta edición de la novela “Cecilia Valdés”; obra con  la que Villaverde, según creo y ya manifesté, quiso dejar testimonio fiel acerca de la sociedad en la que le había tocado vivir. Lo cual se evidencia por la mezcla, como tónica constante a todo lo largo de la novela, de hechos y personajes  en principio ficticios, atribuibles a su imaginación, con otros reales,  de cuya existencia dan fe los libros, las crónicas y los documentos de los archivos históricos de Cuba. Y de los que el lector tiene contrastado conocimiento gracias a la enriquecedora labor del profesor Esteban Rodríguez plasmada en su precedente “Estudio crítico preliminar de “Cecilia Valdés” (págs. XXI- LXVIII), y en sus notas, numerosas y ricas tanto en cuestiones históricas como lingüísticas. Unas muy valiosas aportaciones que elevan el valor testimonial de la novela porque gracias a ellas se puede no sólo conocer los  hechos y personajes auténticos, sino también magnificar el  grado   de la  denuncia que con su novela hiciera Villaverde. Por lo cual,  a mi modesto entender, esta singular edición propiedad del profesor   Rodríguez es también testimonio de la realidad de un país, Cuba, en el que desde 1959 impera la férrea dictadura de los hermanos Castro, régimen comunista totalitario que, según creo, ha sido  y es,  para aquella nación y sus gentes, un verdadero factor de regresión.


Reanudo, pues, la tarea - ¡qué tanto me están costando! - de comentar la voluminosa versión de la novela de Cirilo Villaverde, titulada por él como “Cecilia Valdés, o la Loma del Ángel”.
 
En muchas ocasiones, durante todo este tiempo transcurrido desde su lectura, octubre 2015 hasta el presente, Marzo 2016, pensé que me estaba olvidando comentar el título alternativo “La Loma del Ángel”, alusivo a una iglesia situada en una pequeña elevación del terreno, una loma, en unos de los extremos del histórico barrio habanero, hoy conocido como “La Habana Vieja “,(*) principal escenario de la novela. Entonces, cuando Villaverde escribió su novela, zona tan neurálgica como la ciudad en la que estaba enclavado. Y en el que se conjugaban todos los elementos y los contrastes, enormes contrastes, físicos y morales, que el autor pretendía denunciar. Puesto que entonces La Habana, capital de Cuba, recordemos,  era un enclave estratégico entre España y América, además de emporio comercial y una de las principales plazas mundiales del tráfico de mercancías entre las que se incluían los esclavos negros; aunque en la época descrita en la novela, el tráfico de esclavos ya era una actividad legalmente delictiva, y, consiguientemente, aún más provechosa, rentable, para los que la ejercían. La magnificencia, riquezas y el poder de algunos, unos pocos, patente en sus lujosas mansiones, carruajes y vestimentas, las iglesias y el prestigioso Seminario de San Carlos, donde estudiaron tantos próceres cubanos, incluido el propio Villaverde, son allí descritos y enfrentados a la sobriedad mezquina en que vivían el resto de las gentes, mayoría, de las cuales, Cecilia y su abuela, son buena representación. Los escenarios de inicio y final de la inmortal obra son los de la loma del Ángel y sus aledaños.
 

Porque la historia de Cecilia, trama argumental de la novela, está tejida alrededor de esta Iglesia del Santo Ángel Custodio y la descripción de los festejos y ferias conmemorativos de esta festividad, por el mes de octubre, son la ocasión escogida por el autor para mostrarnos la composición de la sociedad cubana de entonces: Una sociedad clasista, cuyo primer gran factor de disgregación era el color de la piel. El blanco superior a los tonos cobrizos y negro. Para, seguidamente, a través de largos textos literarios, cargados de descripciones minuciosas, explicar acerca  de las costumbres, los lugares, el vestuario y hasta del vocabulario al uso, con sus particularidades según la clase social o étnica que el personaje representara, y con ello  dar una visión clara, nítida, que permitiera al lector  distinguir  estos seres según su estatus social,  el cargo público ostentado o los oficios y trabajos por ellos desarrollados. Y es en este aspecto donde se ha enfatizado la grandeza de la obra del autor cubano, pues se puede considerar que con la palabra dibujó una extensa y colorida película de  aquella época de la sociedad cubana, con escenas, es verdad, algunas de ellas muy oscuras, pero reales. Sin duda alguna, reales y tristes. No te ríes, en suma, leyendo este libro


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 (*) La Habana Vieja, en 1982 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.