viernes, 23 de mayo de 2014

Los Vagabundos, de Jack London


El 13 de mayo, festividad de Nuestra Señora de Fátima, acabé la lectura del libro  titulado “Los Vagabundos” que incluye  seis narraciones de Jack London, editado  por S.A. De Promoción y Ediciones Club Internacional del Libro, Colección Grandes Genios de la Literatura Universal, prologado, bajo el sugerente título “Jack London, el narrador que contó sus propias aventuras”, por  Emilio Gascó Contell. Libro cuya lectura comencé y dejé.  La primera narración, “Los vagabundos”, la que da nombre al libro, me pareció muy alejada de la realidad, al menos de la mía, en razón del enorme contraste entre los inicios y el final de las vidas de los personajes allí descritos; tres desarraigados seres, cuya descripción física testimonia que se hallan en los estadios más bajos de miseria y de la degradación humana y social. La narración, en suma, consiste en el relato por parte de cada uno de estos tres mugrientos vagabundos de origen y  cultura occidentales y creencias cristianas, reunidos ocasionalmente en un claro selvático, de sus respectivas historias personales, a mí entender muy fantasiosas, en diferentes lugares del Pacífico Sur, cuando la fortuna parecía sonreírles y  aquellas zonas del mundo aún permanecían vírgenes a la influencia de la llamada civilización  del hombre blanco.

El no tener otra lectura a mano me inclinó a continuar leyendo el libro. El siguiente cuento “El ídolo rojo”, todavía me gustó menos. Es la historia de un naturalista perdido por tierras habitadas por bosquimanos. Un engreído ser convencido de su superioridad por razones  de su raza blanca, y de sus aprendidos conocimientos científicos.  Desestima a los bosquimanos por entenderlos primitivos e inferiores a él. Su falta de humildad, su soberbia, contribuirá a su final.

Con las cuatro narraciones siguientes vendrá mi reconciliación, si así puede llamarse, con este autor, Jack London, un norteamericano cuya relativa corta existencia la disipó trotando por esos mundos de Dios, ejerciendo los más diversos oficios y trabajos. Experiencias personales  que supo plasmar aprovechando su talento natural para escribir, y fue finalmente para él, London, la mina de oro que tan afanosa como baldíamente buscó en alguna etapa de su vida,  en la fría Alaska.  Por lo que he leído en Wikipedia, fue un personaje muy controvertido.

Las cuatro narraciones tienen como denominador común la variedad tanto de los personajes como de los paisajes de fondo: En “Como Argos en los tiempos heroicos” es  Alaska, en la zona del Yukón, el paraje escogido, donde un vejete temerario y principalmente muy obstinado, contra todo pronóstico  fundamentado sobre criterios lógicos y naturales, alcanza el objetivo por él marcado. Es una bonita historia porque recrea actitudes y acciones humanas de esfuerzo común, camaradería, reconocimiento de la valía del prójimo, el reparto proporcional de la riqueza obtenida en función de la participación, etc. En fin ¡una bonita historia!

“Hawaiana”, como el gentilicio indica, transcurre en el Hawai,  entonces estado anexado a los Estados Unidos de Norteamérica, concretamente en su capital Honolulú. Narración corta y muy simple que nos narra el amor imposible entre dos que se quieren porque el uno es un mestizo hawaiano y la otra es  blanca estadounidense; aquél aunque oriundo de las islas hawaianas, allí socialmente es considerado inferior e indigna una unión matrimonial con él,  por la élite de origen norteamericano, racialmente blanca, que conforma y sobretodo gobierna, manda, en aquellas lejanas islas, el grupo más norteño de la Polinesia. La lectura de la información que ofrece Wikipedia sobre las islas Hawái, pone en evidencia la tradicional labor de explotación y especulación indiscriminada del hombre blanco europeo, especialmente anglosajón, llevada a cabo en los más recónditos y variados parajes del mundo, en su afán de expansión y dominio. Que, además, no es denunciada ni criticada en justa y proporcionada medida.

En esta narración, “La Pillastrona”(*) es Ecuador  el escenario escogido de las aventuras narradas por London, protagonizadas por un buscavidas rubio de ojos azules, también de origen anglosajón, un australiano asentado en Canadá. Esta vez son todas las gentes allende al Río Grande, las objeto de las discriminaciones racistas. Reproduzco un párrafo significativo de lo que quiero decir:

“…sus artículos acerca de Méjico no valen dos centavos…Entre otros, comete el error, tan común entre los gringos, de tomar a los mejicanos por gentes de raza blanca. Y no lo son, no señor. Ninguno, ni los que llaman greasers, ni los spiggoties, ni los hispanoamericanos, ni el resto de la ganadería. Le aseguro a usted que ni son, ni piensan, ni obran como nosotros.”

Y la última de las narraciones, titulada “El chinito de Honolulu”, es además de desenfadada muy aleccionadora. Su protagonista, tal como se infiere del título, es un asiático chino, descrito por London así:” El aspecto de Chun Ah Chun no tenía nada de particular; un poco menudo de estatura, como suelen serlo la mayoría de los chinos, algo estrecho de hombros y un tanto esmirriado de carnes, cosa muy natural en hombres de su raza”. Este común sujeto de corriente aspecto escondía, sin embargo, a un sagaz y sabio individuo que  se las ingenió para de esclavo de su tío en su Cantón (China) natal, pasar a ser un poderoso y rico empresario de incalculable fortuna personal de Honolulu (Hawái). Mutación lograda por la aplicación de dos principios básicos que su natural perspicacia y aguda observación le desvelaron; “a saber, que ningún hombre se hace rico con el trabajo de sus propias manos.” Y, segundo, tan importante como el primero; esto es, “que los hombres se hacen ricos con el trabajo de manos ajenas. El más opulento de los hombres es el que consigue tener mayor número de semejantes suyos trabajando para su particular provecho”.  Y yo me digo: ¡Qué verdad, verdad!

 

(*) Pícara

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8 de marzo de 2015:La publicación anual de los más ricos del mundo, según la Revista Forbes, es demostración de la verdad de los principios básicos para enriquecerse,  señalados por el chinito de Honolulu. Principios que entrañan que nadie se hace rico trabajando ni con su trabajo, sino mediante la vil explotación de los otros,  y mayor será  el enriquecimiento  propio a costa del mayor empobrecimiento ajeno. Para muestra los mayores ricos españoles, Ortega, del Pino, Roig, Andic, Villar Mir ...


"Los 10 más ricos y los nuevos (El País, 4.11.2014)
El  top 10 de las mayores fortunas españolas incluye a Amancio Ortega (46.000 millones); Rafael del Pino y hermanos (6.400 millones); Juan Roig (6.000 millones); Sandra Ortega (5.250 millones); al propietario de Mango, Isak Andic (4.250 millones de euros); al presidente de OHL, Juan Miguel Villar Mir (3.450 millones de euros); a la presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín y hermanos (3.450 millones de euros); al primer accionista de BBVA, Manuel Jove (3.000 millones de euros); a la duquesa de Alba Cayetana Fitz-James Stuart (2.800 millones de euros); y a los dueños de Corporación Gestamp y Gonvarri, Francisco y Jon Riberas Mera (2.600 millones de euros)."