miércoles, 5 de marzo de 2008

Eugenia Grandet y sus personajes, una perspectiva actual

Balzac en su obra describe varios prototipos humanos aun vigentes, de ahí su universalidad, empezando por el personaje eje de la trama, Grandet-padre, Don Dinero. En la novela es descrito como un sujeto que, bajo el cambiante escenario de cuatro regímenes políticos muy diferentes, amasa una gran y opaca fortuna, en poco más de cuarenta años. ¿Cómo? Pues, de modo similar al que algunos han practicado y practican ahora - y creo que siempre - con turbios negocios legales, el uso de información privilegiada, especulación a mansalva, favores al y del gobierno de turno, amistades influyentes y, sobretodo, un descarado y egoísta aprovechamiento del prójimo, especialmente del débil, incluidos sus más próximos y directos allegados. Ser que actúa  guiado sólo por razones particulares y personales; casi siempre, de exclusiva índole material y cuyos hechos se caracterizan y demuestran su total falta de escrúpulos y de valores o principios morales. Pienso que, actualmente, hay  muchos don dinero. Cuyos  antecedentes biográficos muestran su escaso  o nulo patrimonio original- entonces unos don nadies. Como, por ejemplo el “tío Grandet”, el personaje de ficción de Balzac, quien, en 1789, año de la Revolución Francesa, era un modesto tonelero, de escasa formación, y contar sólo  con unos pocos miles de francos en efectivo y  la dote de su esposa como fortuna. Para poco  más tarde, con la ayuda del suegro, personaje rico e influyente, tras  sobornar a un funcionario, comprar  los mejores viñedos de la zona que habían sido expropiados a la Iglesia, por un precio muy inferior a su valor real. Esta acción le reportó, además, la ventaja de ser considerado republicano. Régimen político en esos momentos en el poder. Posteriormente, llegó a ser alcalde, llevándose bien  tanto con los repúblicanos que en ese momento eran los que mandaban como con los exiliados, es decir, los del anterior régimen. A los unos- según cuenta Balzac- " proveyéndolos de vino y a los otros protegiéndolos de modo que no fueran vendidos sus bienes". El negocio de proveedor de vinos también le aportó "los soberbios prados de unas monjas". Durante el Consulado se las ingenió para mantenerse. Por último, en época ya del Imperio, sabiendo no ser del agrado napoleónico, se apartó de la administración local, no sin antes hacer construir " por el interés común" unos buenos caminos hasta sus propiedades. Esta síntesis biográfica, según creo,  podría - con alguna obvia variación, claro está -ajustarse a la de muchos de los "don dinero" de ahora.