miércoles, 5 de marzo de 2008

Eugenia Grandet, por Honoré de Balzac, junio 2004

Han transcurrido ciento setenta años desde 1833, fecha en que Balzac escribió esta obra. Sin embargo, la situación de Eugenia Grandet, relegada siempre a simple sujeto pasivo de ambiciones y avaricia ajena sigue rigiendo hoy para muchísimas mujeres y hasta creo, en cierto modo, extensible a la mayoría de los miembros de la sociedad. Me explico:

En nuestra sociedad, del mismo modo que en la novela, todo gira alrededor del todopoderoso Don Dinero; allí llamado “tío Grandet”, con su corte de sumisos y de aduladores, tan ambiciosos como el propio Don y cortados todos por el mismo patrón materialista ("el tanto tienes, tanto vales"). Para ellos no existen los demás, y menos aún,  cuentan sus sentimientos y sus necesidades. Y aunque digan creer, no creen en nada ni en nadie, siendo su único móvil el propio interés. Usualmente forman parte de la élite social, es decir, de una minoría pero dominante, que, desde los diferentes centros de poder ocupados y controlados por ellos, aumentan  patrimonio e influencias. Y, en ocasiones, hasta hacen legal y natural lo ilegítimo y anti-natural.

Releyendo este libro, de eterna vigencia, he disfrutado mucho.